Ficción Inventos inútiles
La maceta que lee cuentos antes de dormir
Una maceta de cerámica esmaltada con un altavocito incorporado que cada noche le lee a tu planta un cuento relajante, para que dejes de sentirte culpable por no hablarle nunca.
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Ficción Inventos inútiles
Una maceta de cerámica esmaltada con un altavocito incorporado que cada noche le lee a tu planta un cuento relajante, para que dejes de sentirte culpable por no hablarle nunca.
Ficción Inventos inútiles
Un sensor de aparcamiento tranquilo y nada crítico que nunca te distrae con pitidos nerviosos mientras das marcha atrás, y espera educadamente a que hayas tocado la pared para comentarlo.
Ficción Inventos inútiles
Un despertador que te concede encantado nueve minutos más, pero solo después de que presentes un breve alegato por escrito explicando por qué te los mereces.
Ficción Inventos inútiles
Una bonita funda de cuero para tus viejos auriculares con cable que, con ayuda de un motorcito, les hace un buen nudo durante la noche, igual que antes hacían ellos solos.
Ficción Inventos inútiles
Un termostato de oficina que muestra a cada persona que lo toca exactamente la temperatura que ha pedido en su pantallita, mientras la habitación se queda justo como estaba.
Basado en hechos Cómo empezó
En 1957, dos inventores sellaron juntas dos cortinas de ducha de plástico con la esperanza de crear un papel pintado moderno con relieve, y tardaron años y un ordenador en descubrir lo que habían hecho de verdad.
Ficción Inventos inútiles
Aprende la forma exacta de quien más se sienta en él y, cuando otra persona ocupa ese hueco, se infla con muchísima educación hasta que se cambia de sitio.
Ficción Inventos inútiles
Un pasillo telescópico que se alarga un poco cada vez que alguien dice bueno, que nosotros nos tenemos que ir de verdad, y no se va.
Ficción Inventos inútiles
Un silbato para el zapato que te saca tarjeta amarilla por un cordón suelto, algo absurdo hasta que conoces a la única persona que de verdad lo necesita.
Ficción Inventos inútiles
Un aficionado decidió que el botón más ruidoso del coche también debía saber disculparse, y le dio al claxon una segunda voz mucho más pequeña.