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Ficción — inventada por diversión

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El estuche enredador de toda la vida

Una bonita funda de cuero para tus viejos auriculares con cable que, con ayuda de un motorcito, les hace un buen nudo durante la noche, igual que antes hacían ellos solos.

Un hombre sentado a la mesa de la cocina sostiene unos auriculares blancos con cable enredados sin remedio junto a una funda de cuero abierta, con cara de derrota y de extraña nostalgia.

Los auriculares inalámbricos han resuelto un problema que mucha gente echa de menos en secreto. Durante años, cualquiera que metiera unos auriculares con cable en un bolsillo o un bolso podía estar seguro de una cosa: al sacarlos, los cables estarían anudados en una forma que ninguna mano humana había creado. El estuche enredador de toda la vida recupera esa experiencia para quienes sienten que escuchar música se ha vuelto un poquito demasiado fácil.

Parece una funda normal, cosida en cuero marrón suave y cerrada con un botón de presión de latón. Dentro, escondidos en el forro, hay un motorcito silencioso y una cámara que gira con suavidad. Enrollas los auriculares con cuidado, los metes y cierras el botón. Durante la noche, la cámara gira despacio a un lado y a otro. Por la mañana, los cables forman un nudo con auténtica personalidad, a menudo con un lazo por el que uno de los auriculares ha pasado al menos dos veces.

El estuche ofrece tres modos. Cercanías produce un enredo ligero que se deshace en lo que se tarda en llegar a la parada del autobús. Bolsillo del abrigo reproduce el clásico nudo de invierno, pelusa incluida. El modo superior, llamado Fondo de la mochila, crea un enredo tan ambicioso que el fabricante recomienda reservar una tarde tranquila y una taza de té. Una tarjetita en la caja sugiere tomárselo como una forma de meditación.

Los primeros en probarlo se han mostrado entusiasmados, aunque algo desconcertados. Uno escribió que desenredar los auriculares en el tren le había devuelto recuerdos de cuando tenía dieciséis años. Otra dijo que el nudo del modo superior era lo más bonito que había visto en toda la semana, que había decidido no deshacerlo nunca y que se había comprado otros auriculares. El fabricante lo considera un éxito y ha empezado a vender una pequeña campana de cristal para exponerlo.

Una edición prémium añade un estuche enredador a juego para cargadores, unas luces de Navidad que se anudan solas en el trastero de enero a diciembre y un accesorio para mangueras de jardín que el folleto describe como ambicioso. Ninguno desenreda nada. La empresa ha dicho que no se trata de eso y que ya hay productos de sobra para la gente que quiere tener la vida ordenada.

El invento es absurdo, pero los enredos nunca fueron casualidad. En 2007, dos físicos de la Universidad de California en San Diego metieron trozos de cuerda en una caja, la hicieron girar y fotografiaron el resultado más de tres mil veces. Muchas veces se formaban nudos complejos en cuestión de segundos. Las cuerdas más largas y flexibles se anudaban mucho más, mientras que las cortas o rígidas rara vez lo hacían, y por el camino identificaron 120 tipos distintos de nudos.

La razón es que una cuerda larga y blanda en un espacio reducido se cruza consigo misma constantemente, y cada vez que su extremo se cuela por un lazo que ella misma ha hecho, puede formarse un nudo. El movimiento le da miles de oportunidades. Por eso los cables de los auriculares, las luces de Navidad y las mangueras son tan buenos enredándose, y por eso enrollar un cable con cuidado o mantenerlo corto ayuda de verdad. Así que la próxima vez que saques un nudo imposible, recuerda que no hizo falta ningún descuido. Solo hizo falta física, un bolsillo y un poco de paciencia.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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