Ficción — inventada por diversión
La maceta que lee cuentos antes de dormir
Una maceta de cerámica esmaltada con un altavocito incorporado que cada noche le lee a tu planta un cuento relajante, para que dejes de sentirte culpable por no hablarle nunca.
Mucha gente ha oído que hablar a las plantas las ayuda a crecer, y mucha gente se siente un poco culpable por ello. Compran un helecho precioso, prometen charlar con él cada mañana y aguantan unos tres días antes de que la vida se interponga. La maceta cuentacuentos elimina la culpa por completo. Habla por ti, cada noche, con una voz cálida y sin prisas, durante todo el tiempo que tu planta quiera escuchar.
La maceta en sí es una preciosidad, esmaltada en un azul suave y con una pequeña rejilla de latón discretamente encajada en un costado. Al anochecer, un sensor de luz la despierta y empieza a leer. Su biblioteca incluye clásicos tranquilos, descripciones relajantes de la naturaleza y una historia larga y lentísima sobre una nube que no sabía dónde llover. Cada cuento se elige según la planta. Los cactus reciben relatos del desierto. Los helechos, misterios de bosques húmedos. La albahaca, por motivos que la empresa no ha explicado, recibe programas de cocina.
Hay varios estilos de lectura. Abuelo lee despacio, hace muchas pausas y a veces se pierde. Actor interpreta a cada personaje con un sentimiento enorme, lo que a algunos dueños les parece un poco excesivo para una cinta. Susurro está pensado para dormitorios y es tan bajito que nadie, ni siquiera la planta, puede estar seguro de que esté pasando algo.
Un modelo prémium añade una aplicación que te envía cada noche un informe sobre cuánto le ha gustado el cuento a tu planta. Los informes son siempre positivos. Tu espatifilo quedó cautivado con el capítulo cuatro, puede decir uno. Tu ficus ha pedido más historias sobre el mar. Las opiniones de los clientes han sido amables, aunque una dueña comentó que su orquídea, que llevaba muerta varias semanas, siguió recibiendo críticas excelentes todo ese tiempo.
La empresa está desarrollando ahora una regadera que cuenta chistes, un invernadero con risas enlatadas y un césped que aplaude suavemente cuando se corta en líneas rectas. También ha recibido varias peticiones de una versión que le lea los cuentos al dueño, y dicen que se lo está pensando.
La broma juega con una pregunta que la gente se hace de verdad. No hay pruebas sólidas de que las plantas entiendan o disfruten los cuentos, ni de que el sonido de una voz humana por sí solo las haga crecer mejor. Las plantas no tienen oídos ni cerebro. Pero son más sensibles de lo que parecen. Responden a la luz, a la gravedad y al tacto, y en experimentos de laboratorio algunas plantas han reaccionado a vibraciones, por ejemplo fabricando más sustancias defensivas tras ser expuestas a las vibraciones grabadas de una oruga masticando una hoja.
El beneficio de hablarle a una planta de interior quizá sea sobre todo para quien habla. Quien se para cada día a charlar con una planta también la mira cada día, y es más probable que note la tierra seca, las hojas caídas, las plagas o una maceta que hay que girar hacia la luz. Ese tipo de atención sí ayuda de verdad a que las plantas prosperen. Así que una maceta que lee cuentos antes de dormir será inútil, pero la costumbre que finge sustituir no tiene nada de tonta.