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Ficción — inventada por diversión

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Tibiencia

(n.) El tercer recalentado de una bebida que en realidad no tienes intención de terminar.

Una taza de té humeante sobre un platillo en un escritorio de madera oscura, junto a libros apilados y una lamparita de latón.

tibiencia (s.) — ti-BIEN-cia. El tercer recalentado de una bebida que en realidad no tienes intención de terminar. De tibio, con la terminación de paciencia y prudencia, como si fuera una virtud. No es una virtud. Es una taza, normalmente sobre un platillo, normalmente en un escritorio y normalmente humeando con una seguridad que no se ha ganado.

La bebida empieza con intenciones sinceras. El té se prepara como es debido, se lleva con cuidado al escritorio y se deja junto a la lámpara y la pila de libros, donde humea de un modo que promete una mañana tranquila y productiva. Luego hay que ocuparse de una pequeñez. Para cuando ya está resuelta, el té ha llegado a la temperatura de la habitación, y la mañana tranquila y productiva se ha ido a otra parte.

Noventa segundos en el microondas devuelven la bebida a la vida, junto con la extraña geología de cualquier taza recalentada: abrasa por arriba, está fría por abajo y en el borde aparece un cerco tenue que antes no estaba. Se da un sorbo por educación. Hay que ocuparse de otra cosa. Vuelve a entrar en el microondas. La tibiencia propiamente dicha empieza en el tercer recalentado, cuando todos los implicados, taza incluida, entienden cómo va a terminar la tarde.

Uso: Ya he llegado a la tibiencia con este café, así que lo tiraré a las cuatro y me haré otro que tampoco me beberé. El adjetivo es tibiente, y puede aplicarse a la bebida, al escritorio o a la persona, normalmente a los tres a la vez. Un tibientista es quien ha hecho las paces con el problema y ya recalienta sin vergüenza. De una oficina con más de tres tazas tibientes se dice que está en estado de tibiedad, y allí no conviene pedirle a nadie una decisión antes de comer.

Lo que hay de verdad detrás de la palabra tiene muy poco que ver con el té. Lo que vuelve una y otra vez al microondas es el plan: esos cinco minutos tranquilos que pensabas tomarte a las nueve y media, que oficialmente siguen en el horario y que nadie ha cancelado. Mientras la taza esté caliente, el descanso solo está aplazado, no perdido. El vapor es una promesa de que te sentarás dentro de un momento, y recalentar la bebida es una forma de mantener viva esa promesa sin llegar a cumplirla nunca.

Por eso tirarla parece una confesión, y por eso suele pasar a las cuatro, cuando el día ya no puede fingir. Y por eso la siguiente taza se prepara a las cuatro y cinco. Una taza nueva es un plan nuevo, y un plan nuevo está, durante unos minutos llenos de esperanza, exactamente tan caliente como parece.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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