Tapafé
(s.) La serena confianza con la que llevas un vaso para llevar lleno cuya tapa no has comprobado en realidad.
tapafé (s.) — La confianza no examinada que se deposita en una tapa de plástico encajada a toda prisa por un desconocido, y que se lleva a través de un aparcamiento, dos tramos de escalera y hasta una reunión sin someterla ni una vez a prueba.
De tapa y fe, en el sentido antiguo de creencia sostenida precisamente porque no se ha investigado. Emparentada con el más raro bolsillofé, la misma convicción aplicada a una cremallera, y con bolsafé, que atañe a un asa de papel y a una compra considerable.
El tapafé es más fuerte en los primeros diez segundos y decae de forma constante después. No sobrevive a que se le pregunte: en cuanto te planteas si la tapa está bien puesta, el único remedio es pararte y mirar, y mirar ya es admitir que la fe se ha ido. A quienes nunca miran se les recompensa unas noventa y cinco veces de cada cien, que es exactamente la proporción que mantiene viva una superstición. Las cinco ocasiones restantes de cada cien son la razón de que exista la frase sí que la comprobé, y de que jamás se haya creído a nadie que la diga. Un vaso que se ha vaciado por la manga de un abrigo produce, en todos los casos registrados, el mismo comentario breve sobre la tapa, dirigido a nadie en particular.
Uso: Cruzó la oficina entera a puro tapafé, se sentó, quitó la tapa para echar azúcar y descubrió que nunca había estado puesta.