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Ficción — inventada por diversión

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Nombriebla

(s.) El vacío absoluto que llega justo en el momento en que empiezas a presentar a dos personas, una de las cuales conoces desde hace once años.

Tres personas conversan en una calle de mercado por la tarde; uno gesticula mientras unas estrellas giran sobre su cabeza.

nombriebla (nom-BRIE-bla), sustantivo. La desaparición repentina y total de un nombre de la mente, que ocurre sin falta en el instante en que ese nombre hace falta y en ningún otro momento. Estás en una calle concurrida con dos personas que te caen bien. Te giras, abres la mano y empiezas la presentación con muchísima seguridad. Y entonces, en algún punto entre el gesto y la frase, el nombre simplemente se va. No se desvanece. Se marcha de golpe, como una luz que se apaga en otra habitación.

La palabra une nombre con niebla, en el sentido marinero de algo que llega sin avisar, lo oculta todo alrededor y se levanta justo cuando ya no importa. La nombriebla no es un olvido de verdad. El nombre no se ha ido a ninguna parte. Está justo al otro lado de la puerta, a salvo, esperando con educación a que termine la presentación para volver a entrar y hacerte sentir ridículo. Volverá. Pero no volverá a tiempo.

Toda la crueldad está en el momento. La nombriebla nunca ataca mientras piensas en esa persona, dices su nombre a otra o lo escribes en una tarjeta de cumpleaños. Espera a la mano abierta, al medio giro y a las palabras «te presento a», y aparece justo en el hueco entre ellas. Cada intento de salvar la situación lo empeora. «Majo» no engaña a nadie. «Vosotros ya os conocéis, ¿no?» engaña a menos gente todavía. Y el desastroso «¿Ya os conocíais?» invita a la otra persona a decir el nombre, confirmando ante todos que tú no pudiste.

Uso: «Llegó hasta “te presento a” y entró en una nombriebla tan espesa que presentó a su cuñado de hace once años como un compañero de trabajo. El nombre volvió solo, y ya sin ninguna utilidad, cuarenta minutos después en el coche». Entre los fenómenos relacionados están el apretón de niebla, ese apretón de manos que dura demasiado mientras buscas un nombre, y la nombriebla inversa, cuando recuerdas perfectamente el nombre de un desconocido y no te sale el tuyo.

Detrás de la broma hay una experiencia que casi todo el mundo comparte. Los nombres parecen de las cosas más fáciles de perder durante un momento, sobre todo cuando estamos un poco nerviosos, en un sitio ruidoso o intentando hacer varias cosas a la vez, como sonreír, gesticular y mantener la conversación. Cuanto más nos preocupa olvidarlo, más parece escaparse el nombre, y muy a menudo vuelve más tarde, cuando dejamos de intentar alcanzarlo.

Así que, si te atrapa la nombriebla, la salida más amable es la sinceridad. Di con una sonrisa que te has quedado en blanco y pide a las dos personas que se presenten ellas mismas. Casi todo el mundo ha pasado por eso, y la mayoría se reirá contigo y no de ti. Mejor aún: gírate hacia la persona que conoces, di «quiero presentarte a mi amigo» y deja que termine ella la frase. El nombre habrá vuelto antes de que llegues al coche.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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