Ficción — inventada por diversión
Ecodeseo
(s.) El reflejo que devuelve un buen deseo a quien acaba de ofrecerlo, de modo que al camarero que te deja la cena delante se le desea cordialmente que aproveche.
Ecodeseo (s.) El reflejo que devuelve un buen deseo a quien acaba de formularlo, a toda velocidad y sin inspección ninguna, de manera que al camarero que te posa delante un plato de algo caliente se le invita cordialmente a que aproveche él también.
El restaurante es su hábitat natural. El plato baja, el camarero dice que aproveche, y antes de que ninguna parte de ti haya valorado si el camarero está a punto de cenar, tu boca ya ha dicho igualmente. Viene entonces un silencio pequeño y limpio de medio segundo en el que todos los de la mesa entienden exactamente lo que ha pasado, y el camarero, que lo ha oído nueve veces esta misma noche, se marcha con la elegancia de un profesional.
El restaurante es solo el caso clásico. El ecodeseo tiene un radio amplio. Le desea que disfrute de la película al acomodador que acaba de partir tu entrada. Le desea al dentista una consulta agradable. Contesta igualmente a la dependienta que te ha deseado unas felices vacaciones, a mediados de noviembre, y se sabe de un caso en que deseó buen vuelo a una auxiliar de vuelo, que de todas sus obras es quizá la menos disparatada.
Lo interesante es lo que viene después, porque solo hay tres salidas y ninguna es digna. Puedes fingir que no ha ocurrido, lo que exige una calma lisa y sin parpadeos que casi nadie consigue con un tenedor en la mano. Puedes insistir y repetirlo con más calor, como si lo hubieras dicho a modo de bendición general sobre todo el sector de la hostelería. O puedes explicarlo, cosa que no ha funcionado jamás y que suele acabar con una persona adulta diciendo lo decía en general a alguien que se fue hace veinte segundos.
Los entendidos reconocen una forma más rara y mucho más hermosa, el ecodeseo mutuo, en el que la otra parte también va de reflejo y responde igualmente a tu igualmente. Eso ya no es un accidente. Son dos personas diciéndose a corta distancia un disparate agradable, sin motivo alguno y en perfecta armonía, y es una de las cosas más cálidas que pueden pasar entre desconocidos.
Lo raro del ecodeseo es que no es un fallo de atención. Le ocurre sobre todo a gente educada que en ese momento está atendiendo a otra cosa, y se dispara más rápido cuanto mejor es el ambiente.
Detrás del chiste hay un mecanismo real y bastante elegante. La conversación funciona por parejas. Un saludo pide un saludo, un gracias pide un de nada, una pregunta pide una respuesta, y la segunda mitad de la pareja está cargada y lista antes de que la primera haya terminado de llegar. Lo que la dispara es sobre todo la forma de la frase, no su significado, y por eso puede salir la equivocada. Tu boca reconoció un buen deseo y devolvió otro, y ahí terminó todo el cálculo.
Que es, casi siempre, un sistema funcionando de maravilla. La alternativa es un mundo en el que cada que tengas un buen día, que descanses y buen viaje de vuelta haya que examinarlo por separado en busca de encaje lógico antes de contestar, y así no saldría nadie por la puerta. Unas cuantas centenas de cortesías diminutas a la semana se gobiernan solas para que tú puedas pensar en otra cosa. De vez en cuando una apunta mal, a un camarero se le desea una cena que no va a tener, y todo el mundo lo sobrevive estupendamente.