Ficción — inventada por diversión
Hojaderiva
(s.) La salida silenciosa de tu atención de una página que los ojos siguen leyendo igual, advertida cuatro párrafos después, cuando toca volver atrás y buscar la última frase que puedes reclamar.
hojaderiva (o-ja-de-RI-va), sustantivo. La marcha silenciosa de la mente de una página que los ojos siguen leyendo sin ella, descubierta varios párrafos después sin el menor recuerdo del trayecto. Estás sentado en un sillón cómodo con un libro que te gusta de verdad. La lámpara da una luz cálida, la habitación está en silencio y pasas las páginas a buen ritmo. Y entonces, hacia la mitad del capítulo cuatro, te das cuenta de que no tienes ni idea de lo que ha pasado desde el capítulo tres.
La palabra une hoja con deriva, en el sentido de una barca pequeña cuyo cabo se ha soltado sin ruido del noray. No ocurre nada dramático. Nadie grita y no hay ninguna sacudida. La distancia simplemente crece, poco a poco, hasta que la orilla queda muy lejos. La hojaderiva no es aburrimiento. Quien va a la deriva muchas veces está disfrutando muchísimo del libro, y precisamente por eso el momento del regreso resulta tan poco digno.
Lo más extraño es que los ojos siguen guardando las apariencias. Continúan recorriendo las líneas, de izquierda a derecha, palabra tras palabra, con una imitación perfectamente convincente de estar leyendo. Las páginas siguen pasando. El marcapáginas sigue avanzando. No suena ninguna alarma. Solo está el momento de salir a la superficie, la lenta subida de vuelta por la página y la búsqueda minuciosa de la última frase que podrías jurar ante un tribunal. A veces queda más atrás de lo que te gustaría admitir.
Uso: «Leyó cuatro páginas sobre el asedio en plena hojaderiva, volvió al principio y descubrió que el asedio aún no había empezado, y ella tampoco». Entre los estados relacionados están la estantederiva, que ataca en las librerías y termina contigo sujetando un libro de cocina que no tenías intención de coger, y la temida audioderiva, en la que un capítulo entero de un audiolibro pasa durante un solo paseo hasta la tienda.
Detrás de la broma hay una experiencia que conoce casi cualquier lector. La mente se distrae incluso con las cosas que disfrutamos, y la lectura es especialmente buena para disimularlo, porque los ojos pueden seguir las líneas casi en piloto automático. Muchas veces basta con una tarde de cansancio, un sillón cómodo o una sola frase que te recuerda otra cosa. Les pasa a los lectores atentos y a los amantes de los libros igual que a cualquiera, y no dice nada malo del libro.
Así que, si te pillas en plena hojaderiva, no hace falta sentirse culpable. Vuelve a la última línea que recuerdes, léela otra vez despacio y sigue desde ahí. Si te pasa una y otra vez, quizá sea simplemente una señal para cerrar el libro, estirarte o retomarlo mañana con la mirada fresca. La historia esperará con paciencia exactamente donde la dejaste, que es más de lo que se puede decir de tu atención.