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Ficción — inventada por diversión

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La grapadora que te pregunta si estás seguro

Una elegante grapadora de escritorio que no dispara ni una grapa hasta que hayas confirmado, dos veces, que de verdad quieres unir estas hojas para siempre.

Una pesada grapadora roja sobre un escritorio de oficina, con una pequeña pantalla iluminada que muestra dos botones, mientras una persona con unas pocas hojas acerca el dedo a uno de ellos.

Toda oficina tiene una grapadora, y toda grapadora tiene el mismo defecto. Aprietas, se oye un crujido y ya está. Sin pausa, sin dudas, sin ocasión de reconsiderarlo. La Segura, una pesada grapadora de escritorio esmaltada, obra de un pequeño taller que describe su misión como llevar cariño al papeleo, lo ha solucionado. Antes de disparar una sola grapa, te pregunta si estás seguro.

La pregunta aparece en una pequeña pantalla iluminada en la parte superior del brazo, justo donde apoyarías la palma. Debajo hay dos botones, marcados con un visto y una cruz. Pulsa el visto y la Segura se lo piensa un momento y luego vuelve a preguntar, con letras algo más grandes, si de verdad estás seguro, porque esta acción no se puede deshacer. Solo después del segundo visto se desbloquea el brazo, y la grapa entra con un clic suave y respetuoso.

Una mujer con una rebeca color mostaza duda en su escritorio, con un dedo sobre el botón iluminado del visto bueno de una grapadora roja y unas hojas en la otra mano.

El taller está orgulloso de los detalles. La pantalla se atenúa con amabilidad si dudas. Hay un modo para documentos importantes que añade una tercera pregunta sobre si los has leído bien. Y si intentas grapar una sola hoja de papel a la nada, la Segura se niega y muestra un mensaje breve y amable que sugiere que quizá estés teniendo un día difícil.

Los primeros propietarios cuentan resultados variados. Grapar un montón de veinte informes lleva ahora más o menos lo mismo que escribirlos. Una jefa de oficina dice que su equipo se ha vuelto mucho más reflexivo sobre qué páginas deben ir juntas de verdad. Otra cuenta que a la segunda semana todo el mundo pulsaba visto, visto, crac sin leer una palabra, a una velocidad que el taller califica de decepcionante y la oficina de un martes cualquiera. Está previsto un modelo premium que cambia los dos botones de sitio al azar, para que nadie se relaje.

El taller también ha recibido algunas quejas de personas que pulsaron la cruz por error y no supieron cómo volver atrás. El consejo oficial es dejar las hojas, dar un pequeño paseo y volver a la grapadora cuando estés preparado para comprometerte.

La broma sale directamente del ordenador de tu mesa, que te pregunta si estás seguro de casi todo. Esas ventanitas tienen una buena razón de ser: algunas acciones de verdad no se pueden deshacer, y una pausa puede salvar una mañana de trabajo. Pero una pregunta que aparece cada vez deja de ser una pregunta. Nuestro cerebro está hecho para dejar de atender a lo que se repite sin consecuencias, un proceso que los psicólogos llaman habituación, y es la misma razón por la que dejas de oír el tictac de un reloj a los pocos minutos de estar en una habitación.

Por eso los diseñadores cuidadosos intentan reservar el aviso para los momentos que importan, y prefieren un botón de deshacer siempre que es posible, porque te deja actuar rápido y corregir el error después. Una grapadora, por desgracia, no tiene botón de deshacer. Lo que tiene es un quitagrapas, lo más parecido a uno que hay en la oficina, y que nadie encuentra nunca cuando hace falta.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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