Ficción — inventada por diversión
Enchufivuelta
(s.) El ritual de probar un conector de un lado, luego del otro y luego otra vez del primero, que ahora, misteriosamente, entra a la perfección.
Enchufivuelta (s.) es la ceremonia en tres partes que se celebra cada vez que un conector plano y rectangular se encuentra con su puerto. Primer intento: no entra. Le das la vuelta. Segundo intento: no entra, y con más convicción. Le vuelves a dar la vuelta. Tercer intento, exactamente en la posición en la que empezaste: se desliza hasta el fondo con la suavidad de una llave en su cerradura, como si no hubiera pasado nada raro, y el conector se niega a hacer comentarios.
La mayoría de la gente ha practicado la enchufivuelta miles de veces, normalmente detrás de una mesa, a tientas, en ángulo y con una mejilla pegada a la pared. A menudo se hace a oscuras, donde el puerto es un rectángulo difuso y el conector es una suposición. La luz nunca ayuda. Tampoco ayuda que el puerto siempre parezca estar en la parte de atrás del aparato, mirando justo hacia el único lado que no puedes ver.
Hay estilos reconocidos. La enchufivuelta paciente: tres giros tranquilos y ningún comentario. La enchufivuelta entornada, en la que el dueño levanta el conector hacia la luz, estudia la pequeña lengüeta metálica de dentro como un joyero, decide con total seguridad hacia qué lado va y se equivoca. Y la enchufivuelta derrotada, que termina con el dueño pasándole el cable al adolescente más cercano, que lo enchufa a la primera sin levantar la vista de otra cosa.
La enchufivuelta tiene una pariente cercana en la escalera de cada bloque de pisos: la llavivuelta, en la que pruebas una por una todas las llaves del llavero y la buena siempre es la última. Las dos comparten una sensación. Alguien, sospechas, lo ha organizado así.
También existe una explicación popular en las oficinas, según la cual el conector está en las dos posiciones a la vez hasta que alguien lo mira, y solo se decide por la correcta al tercer intento. Es una broma. Y también es, según varias personas que han pasado una larga tarde debajo de una mesa, la única teoría que encaja con los hechos.
La historia real es más sencilla y un poco más amable. Un conector que solo entra en una posición tiene un cincuenta por ciento de probabilidades de acertar a la primera, así que la mitad de todos los intentos fallan desde el principio por puro azar. Y muy a menudo el primer intento ya estaba en la posición correcta, solo que desviado un milímetro o empujado algo torcido. Darle la vuelta y volver a girarlo le da a la mano una segunda oportunidad mejor apuntada, y el éxito se lo lleva el giro.
La memoria hace el resto. Un conector que entra a la primera se olvida al instante, mientras que uno que se resiste se convierte en una pequeña historia que recuerdas, así que parece que los conectores siempre dan guerra. Los ingenieros también notaron las quejas: el conector ovalado más nuevo que usan hoy muchos móviles y portátiles se diseñó para entrar en cualquier posición, y por eso la enchufivuelta se va convirtiendo poco a poco en algo que la gente recuerda con cariño. Como la mayoría de los rituales, nadie la echará de menos y todo el mundo hablará de ella.