Ficción — inventada por diversión
Saludespistado
(adj.) Varado en público tras devolver con alegría un saludo que era para la persona de detrás, con la mano todavía en alto y ningún sitio digno donde meterla.
saludespistado (sa-lu-des-pis-TA-do), adjetivo. Varado brevemente en público después de devolver con alegría un saludo que en realidad iba dirigido a alguien situado justo detrás de ti, con la mano todavía en el aire y ningún sitio digno donde ponerla. Vas por una acera concurrida. Un desconocido sonriente levanta la mano en tu dirección. Encantado, le devuelves el saludo con auténtico entusiasmo. Y entonces una voz a tu espalda grita un nombre que no es el tuyo, y el mundo se queda muy callado alrededor de tus dedos.
La palabra une saludo con despistado, y tiene algo del desamparo de quien se ha quedado solo, un sentimiento que ha visto penas mucho mayores y que parece discretamente contento de que por una vez le toque una pequeña. El estado suele durar un segundo y medio, aunque en casos graves, como en un andén de estación abarrotado, puede parecer bastante más largo. No es exactamente vergüenza. Es la soledad particular de una mano que se ha quedado sola en público.
Hay tres formas tradicionales de sobrevivir al saludespiste. La primera es convertir el saludo en un arreglo del pelo, con suavidad y sin mirar a nadie. La segunda es seguir el movimiento hacia arriba en un estiramiento largo e informal, como si llevaras un rato con ganas de estirarte. La tercera, la favorita de los valientes, es comprometerse del todo y seguir saludando a nadie en particular, como si saludaras al propio día, al tiempo o a un pájaro muy lejano.
Uso: «Se quedó saludespistado dos segundos enteros delante de la panadería y luego, con valentía, señaló al cielo, como si solo quisiera que todos admiraran una nube». Entre las formas relacionadas están el nombrasiento, el saludo seguro que se le dedica a alguien cuyo nombre has olvidado, y la puertaespera, la sensación de sujetar una puerta a una persona que todavía está demasiado lejos y que ahora tiene que ir trotando para llegar.
Detrás de la broma hay un reflejo muy humano. Una sonrisa y una mano levantada son de las señales más amistosas que existen, y la mayoría respondemos a ellas casi al instante, antes de haber comprobado bien a quién van dirigidas. En una calle concurrida, donde varias personas pueden estar mirando en la misma dirección, es fácil equivocarse con el ángulo. A casi todo el mundo le ha pasado al menos una vez, y quizá por eso resulta tan gracioso de ver y tan doloroso de vivir.
Así que, si alguna vez te quedas saludespistado, consuélate sabiendo que estás en excelente compañía. Baja la mano con suavidad, sonríe a la persona que tienes detrás y sigue con tu día. Nadie recuerda mucho tiempo un saludo equivocado, y el desconocido que lo provocó seguramente ha hecho exactamente lo mismo alguna vez. Además, un saludo lanzado al mundo por error sigue siendo, a su pequeña manera, un saludo. Puede que incluso alguien te lo devuelva.