Ficción — inventada por diversión
Migadiplomacia
(s.) La larga negociación sin palabras en torno a la última galleta del plato, en la que todos quieren comérsela aparentando que no la quieren.
migadiplomacia (mi-ga-di-plo-MA-cia), sustantivo. La larga y totalmente silenciosa negociación que rodea la última galleta, patata frita o porción de tarta de un plato compartido, llevada a cabo mediante posturas, momentos bien elegidos y el cuidadoso esfuerzo de no cruzar miradas. Todos en la mesa quieren el último trozo. Nadie está dispuesto a que lo vean queriéndolo. El resultado es una negociación de una delicadeza extraordinaria que puede durar más que la propia comida y que, casi siempre, acaba con la galleta poniéndose rancia a la vista de todos.
La palabra une miga con diplomacia, en el sentido estricto de una negociación en la que ningún participante puede declarar su postura. Sus reglas no están escritas en ninguna parte, pero todos en la sala las conocen a la perfección, incluidos los invitados, incluidos los niños e incluida la única persona que insiste en que no tiene hambre. Las visitas de otras casas las aprenden en cuestión de minutos. A nadie le han enseñado nunca migadiplomacia. Simplemente se absorbe, como un acento local, a lo largo de muchas tardes de merienda.
Las jugadas habituales son bien conocidas. Está el ofrecimiento, dirigido a toda la mesa y pensado para ser rechazado. Está el reparto, en el que la última galleta se convierte en dos trocitos y el problema se divide en lugar de resolverse. Está la larga espera, en la que el plato se deja tanto tiempo que comerse la galleta se convierte en un acto de piedad hacia la galleta. Y está la derrota, en la que alguien simplemente se la come y la sala, en silencio, lo reclasifica.
Uso: «Cuarenta minutos de migadiplomacia terminaron cuando la persona más joven de la mesa cogió la galleta sin ceremonias, y las negociaciones quedaron registradas en silencio como un fracaso por todos menos por ella». Entre las formas derivadas están migadiplomático, la persona experta en este arte, normalmente un abuelo o una abuela, y migacrisis, el raro momento en que dos personas alargan la mano hacia el último trozo exactamente a la vez. Una migacrisis se resuelve con ambas partes diciendo «no, cógelo tú» hasta que una de las dos cede.
Detrás de la broma hay un pequeño gesto de buenos modales que casi todo el mundo reconoce. Compartir comida es una de las formas más antiguas de llevarse bien, y nadie quiere parecer glotón delante de amigos o familia. Así que el último trozo de un plato compartido se convierte en una discreta prueba de consideración, en la que cada uno espera a ver si otra persona lo desea más. La incomodidad es en realidad una forma de amabilidad: toda una mesa haciéndose sitio con educación.
Así que la próxima vez que una galleta solitaria se quede en un plato entre tú y las personas que quieres, hay una salida sencilla. Di en voz alta que te gustaría comértela y pregunta si a alguien le importa. Casi nunca le importa a nadie, y el alivio en la mesa será inmediato. O, si prefieres la tradición, pártela en tantos trozos como personas haya y deja que todos disfruten de una miga diminuta de victoria. Al fin y al cabo, la diplomacia siempre ha consistido en compartir.