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La tortuga que sobrevivió a tres sofás

Llegó en 1974 como regalo para una niña de nueve años y desde entonces ha visto redecorar el salón cuatro veces sin dar señales de haberlo notado.

La tortuga llegó en 1974, en una caja de cartón con agujeros en la tapa, como regalo de cumpleaños para una niña de nueve años que había pedido una bicicleta. Desde entonces vive en la misma casa. La niña de nueve años no.

Ha sobrevivido a tres sofás. El marrón, que según dicen era su preferido, se fue en 1986. El claro, en el que no se dejaba sentar a nadie, duró hasta 2003. El actual es gris, y lo trata con la misma indiferencia que mostró con los otros; es decir, recorre su parte delantera cada mañana al mismo paso sin prisa, comprobando el largo de la habitación.

También ha sobrevivido a dos moquetas, un perro, cuatro televisores, tres coches de la familia y una galería entera que se construyó para ella y que se negó a usar. Lo único de la sala más antiguo que ella es la chimenea, y se la ha visto sentada delante tardes enteras, en lo que la familia ha decidido interpretar como respeto profesional.

La niña de nueve años tiene ahora sesenta y uno y viene por Navidad. Dice que lo más raro no es que siga aquí. Es que se mueve exactamente a la misma velocidad de siempre, y que en cincuenta y dos años no la ha visto ni una sola vez apurarse ni aflojar el paso.

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