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El reloj del pueblo que va cuatro minutos adelantado

Va cuatro minutos adelantado desde 1971, y el pueblo ha votado dos veces, con claridad, dejarlo exactamente como está.

El reloj del ayuntamiento del pueblo se adelantó cuatro minutos en el otoño de 1971 y nunca se corrigió. El relojero que podría haberlo hecho se jubiló aquel invierno, el siguiente dio un presupuesto y, para entonces, los cuatro minutos habían empezado a pertenecer a la gente.

Todo el mundo lo sabe. El horario del autobús está escrito con la hora real, y todos en el pueblo vuelven a sumar los cuatro minutos sin pensarlo, igual que uno se ajusta a un escalón más alto que los demás. Los únicos que pierden autobuses son los visitantes, y el pueblo lo considera una prueba justa.

Se ha sometido a votación dos veces. En 1994 la moción para repararlo se rechazó por un margen considerable. En 2011 alguien volvió a proponerlo, con presupuesto y diagrama, y se rechazó por más. La objeción registrada fue en ambas ocasiones la misma: el reloj no está mal, va adelantado, y entre una cosa y otra hay muchísima diferencia.

Los niños nacidos desde entonces han crecido en un lugar donde la hora de la pared no es del todo la hora, y a nadie le parece nada del otro mundo. A uno de ellos, de vuelta de la universidad, se le oyó explicarle a un amigo que el reloj está bien, en realidad, y que es el resto del mundo el que va cuatro minutos por detrás.

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