Ficción — inventada por diversión
La tostadora con fanfarria
Una tostadora que celebra tu tostada con una breve fanfarria de metales, interpretada aproximadamente tres minutos después de que la tostada esté lista.
El tostado en sí no tiene nada de especial. Dos ranuras, una rueda para elegir el dorado y el habitual clic discreto cuando salta el pan. Lo que distingue a la tostadora con fanfarria es la fanfarria de metales de seis segundos con la que celebra cada rebanada terminada, y el hecho de que esa fanfarria se retrasa a propósito tres minutos, en nombre de la solemnidad. Cuando suena, la tostada ya está untada, medio comida y muy a menudo olvidada, algo que el fabricante considera precisamente la gracia.
Los fabricantes no piden perdón en absoluto. Una fanfarria en el momento en que la tostada está lista, argumentan, sería una simple notificación, y las notificaciones son enemigas de la sensación de ocasión especial. Tres minutos después, la tostada está en el plato, la mantequilla fuera, la familia se ha dispersado, y la llegada repentina de metales triunfales a una cocina tranquila devuelve al desayuno una grandeza que no tenía desde la invención de la tostadora. La caja lo describe como «el desayuno, con sentido de la historia».
En la práctica, el efecto es más complicado. Como el retraso es fijo y el tiempo de tostado no, la fanfarria suena a menudo durante el turno de otra persona, celebrando una rebanada que ya se ha comido alguien. Los fabricantes lo llaman desayuno polifónico. Todos los demás lo llaman el problema. Una propietaria cuenta que un domingo ajetreado, con cuatro personas haciendo tostadas por turnos, la tostadora tocó su fanfarria sin parar durante doce minutos, como una banda de música diminuta que hubiera perdido la partitura.
No tiene interruptor de apagado. Tiene una rueda de volumen que va de FUERTE a CONSIDERABLE. El manual de instrucciones señala, sin más comentarios, que en pruebas exhaustivas el aparato nunca tocó su fanfarria en una habitación donde hubiera alguien que quisiera oírla. La profesora de música jubilada que aparece usándola dice que le ha cogido cariño a la interrupción y ahora levanta su taza de té cada mañana en su honor, con tres minutos de retraso, por pura cortesía.
Detrás de la broma hay una idea pequeña y real sobre las rutinas diarias. A mucha gente le gusta celebrar momentos pequeños, ya sea la primera taza de té, un trabajo terminado o un crucigrama completado en el desayuno, porque los pequeños rituales pueden hacer que los días corrientes se sientan un poco más luminosos. El truco, claro, es que una celebración funciona mejor cuando llega a tiempo, no tres minutos después de que todos se hayan ido de la habitación.
Así que la tostadora con fanfarria acierta de lleno con el espíritu y falla por completo con el momento. Si quieres un poco más de solemnidad por las mañanas, no necesitas una sección de metales en la cocina. Detente un instante cuando salte la tostada, disfruta del olor y date un pequeño aplauso en silencio. No cuesta nada, no molesta a nadie y, a diferencia de la tostadora, llega mientras la tostada sigue caliente.