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El reloj de sol de interior

Un reloj de sol de latón, bien construido, para el salón, que se vende con su propia linterna, porque un reloj de sol bajo techo tiene que sacar el sol de alguna parte.

Es un reloj de sol de verdad, y ahí está lo exasperante. Latón fundido, líneas horarias grabadas, un gnomon inclinado según tu latitud y cuatro almohadillas de fieltro para no rayar el aparador. Está calibrado con un margen de un par de minutos. Y es completamente inútil en el único sitio para el que fue diseñado: una habitación con techo.

Por eso la caja incluye una linterna. El folleto, con la misma tipografía seria que todo lo demás, te pide que sitúes la fuente de luz en el ángulo solar adecuado; es decir, que sostengas la linterna más o menos donde estaría el sol, si hubiera sol, y la esfera te dirá qué hora sería, si la linterna fuera el sol. Nadie pidió esto. La cocina ya tiene un reloj, el reloj ya tiene una pila, y a la pila nunca le ha hecho falta que nadie la sujete en ángulo.

Y sin embargo tiene un uso que ningún reloj corriente puede igualar. Como el sol lo sostienes tú, tú decides dónde está. Un palmo a la izquierda y es media tarde. Bájalo hacia la alfombra y la noche llega temprano, lo que resuelve casi cualquier discusión doméstica sobre si es pronto para el pastel.

Es el único reloj de la casa que necesita un cómplice, y consultarlo exige cierta ceremonia: la linterna, el ángulo, la pequeña disputa sobre quién la sujeta. También es el único reloj de la casa que todavía no le ha dicho a nadie que llega tarde.

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