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Ficción — inventada por diversión

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La linterna lenta

Una preciosa linterna de aluminio cuyo haz llega unos tres segundos después de apuntar, de modo que siempre te enseña dónde estabas mirando y no dónde miras.

Un hombre mayor con gorra alumbra con una linterna una calle empedrada al anochecer; el haz cae sobre un gato dormido.

Es un objeto precioso. Aluminio mecanizado, una empuñadura estriada que encaja perfectamente en la mano y un interruptor con un clic que se nota incluso a través de un guante grueso de invierno. La enciendes en una tarde oscura y no pasa nada. Luego, unos tres segundos después, llega el haz e ilumina exactamente el punto hacia el que apuntaba la linterna cuando pulsaste el botón. Para entonces, claro, ya estás apuntando a otro sitio, y el punto iluminado no le interesa absolutamente a nadie.

Nadie la pidió, porque una linterna es un instrumento del presente. Si la pasas por un jardín oscuro, produce un círculo de luz rezagado que llega a cada arbusto justo después de que hayas desistido y seguido adelante. Un paseo por una calle empedrada se convierte en un recorrido tranquilo y muy bien iluminado por todo lo que ya has dejado atrás. Los fabricantes lo llaman «iluminación reflexiva» y lo han impreso en la caja con letras pequeñas y algo avergonzadas.

Y, aun así, hace algo que ninguna otra linterna puede hacer. Es la única luz del mundo que te enseña lo que estaba pasando hace tres segundos. Un propietario, volviendo a casa al anochecer con su gorra, la dirigió hacia la calle y vio con total claridad a un gato durmiendo plácidamente sobre el empedrado. En realidad, el gato ya se había despertado, desperezado y marchado. Dice que la imagen se le quedó grabada y que fue lo más relajante que vio en toda la semana.

La linterna tiene cinco años de garantía, que los fabricantes pueden ofrecer con total seguridad, porque nadie la ha usado nunca dos veces en una emergencia de verdad. Vive en el cajón de la cocina, sale en las fiestas y ha apuntado, con aire pensativo, a muchísimas puertas en las que alguien acababa de estar. Varias familias la usan para jugar al escondite, que se ha vuelto a la vez mucho más justo y bastante más filosófico.

Detrás de la broma hay una sensación sorprendentemente conocida. Mucho de lo que notamos llega un poquito tarde para servir de algo: el nombre que recuerdas cuando ya ha terminado la conversación, la respuesta perfecta que se te ocurre en la escalera, la comprensión de lo que significaba un momento solo cuando ya ha pasado. Todo el mundo conoce la pequeña frustración de entender algo con claridad unos segundos después de que habría sido útil, y todo el mundo acaba aprendiendo a reírse de ello.

Así que la linterna lenta nunca te ayudará a encontrar las llaves a oscuras, y no conviene llevarla a un paseo nocturno importante. Pero sí ofrece un recordatorio amable para detenerse y mirar bien lo que tienes delante ahora, antes de que el momento se escape. Si alguna vez te ves en una calle oscura, enciende una linterna normal, apunta al frente y disfruta del raro lujo de ver exactamente dónde estás. El gato te lo agradecerá.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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