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Ficción — inventada por diversión

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El llavero localizable

Un llavero que pita, parpadea y vibra para que puedas localizarlo, y hace las tres cosas solo mientras ya lo tienes en la mano.

Una mano levanta un llavero de una mesa de madera; el llavero brilla y de él salen anillos de luz.

El llavero localizable es una pequeña placa de aluminio del tamaño de una llave, con una luz y un altavoz diminuto. Dentro lleva un sensor que detecta el contacto con la piel. En cuanto una mano levanta el llavero de la mesa, empieza a pitar, a brillar en color ámbar y a vibrar, lanzando por la habitación unos anillos de luz muy bien hechos. Si se queda en cualquier otro sitio, permanece completamente mudo y completamente apagado.

Nadie lo había pedido. El problema real, encontrar unas llaves perdidas, es difícil: hace falta una radio, una red, una batería cargada y un teléfono que no se haya perdido también. El llavero localizable no resuelve nada de eso. Solo necesita un sensor y una pila de botón, y la pila dura años, porque casi todo el tiempo el aparato no hace absolutamente nada.

Las instrucciones son de una honradez admirable. Paso uno: pierde las llaves. Paso dos: registra la casa. Paso tres: cuando encuentres las llaves, cógelas, y en ese momento el llavero confirmará, a todo volumen y con luces, que las has encontrado. Los primeros en probarlo lo describieron como el producto más seguro de sí mismo que habían tenido nunca. Uno lo llamó una alarma de incendios para cosas que ya han pasado. Otro señaló que también funciona de maravilla para recordarte que, en este preciso momento, tienes las llaves en la mano, por si se te había olvidado.

Lo curioso es para qué lo usa la gente de verdad. Hay un tipo de preocupación muy concreto: estás en la puerta, no recuerdas si has cogido las llaves y tu mano ya está en el bolsillo sujetándolas. El llavero responde a eso al instante. No puede decirte dónde están tus llaves. Puede decirte que ya las tienes, que es una pregunta distinta y, por lo visto, mucho más frecuente.

Lo que hay de verdad detrás de la broma es que buena parte de lo que buscamos no es buscar. Es comprobar. La gente se palpa los bolsillos al salir, vuelve a probar una puerta que está casi segura de haber cerrado y mira dos veces un fuego que sabe que está apagado. Lo que nos preocupa rara vez es que algo se haya perdido. Es no recordar haber hecho lo de siempre, porque lo hicimos sin prestar atención.

Una clienta escribió para contar que había dejado de perder las llaves por completo. Cuando le preguntaron cómo, explicó que el ruido es tan molesto que ahora las cuelga en el gancho nada más entrar, solo para que se calle. El fabricante ha adoptado discretamente esto como el principio de funcionamiento del producto, y ahora lo imprime en la caja.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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