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Un topo se niega a disculparse por el césped: es tierra sobrante
Nueve toperas recientes aparecieron de la noche a la mañana en un césped premiado, y el topo responsable ha explicado, desde justo debajo de la superficie, que la tierra tenía que ir a alguna parte.
Los vecinos de la calle del Huerto se despertaron el domingo con una mañana tranquila y soleada y con nueve pulcros montones de tierra fresca en el césped del número seis. El césped, que se corta a rayas y ha recibido dos veces una mención de honor en la feria del pueblo, estaba intacto por lo demás. A las ocho y media, un pequeño grupo en bata se había reunido junto al seto, con tazas de té en la mano, para contar.
El topo responsable aceptó hacer una declaración, con la condición de poder darla desde justo debajo de la superficie. Hablando a través del montón más reciente, confirmó que las toperas eran suyas y dijo que no veía motivo para disculparse. La tierra, explicó, estaba en medio. Tenía que ir a alguna parte. Hacia arriba era la única dirección que no estaba ya llena de tierra.
A continuación rechazó la palabra daños. Lo que el público estaba viendo, dijo, era la parte visible de una obra grande y bien organizada, compuesta por un pasillo principal, varios pasadizos laterales y una cómoda cámara forrada de hierba seca. Añadió que él nunca había visto el césped y que por eso no podía opinar sobre las rayas, pero que desde arriba le habían llegado muy buenos comentarios.
Preguntado por qué los trabajos tenían que hacerse de noche y sin avisar, el topo dijo que sigue su propio horario, trabajando y descansando por turnos las veinticuatro horas, y que desde donde vive la diferencia entre la tarde del sábado y la mañana del domingo no se nota demasiado. Lamentó que la novena topera hubiera salido en el centro exacto del césped. Eso, dijo, no era un comentario sobre nada. Era simplemente por donde pasaba el pasillo.
El dueño del césped, localizado junto al seto, dijo que no tenía nada contra los topos en general. Una vecina señaló que la tierra de los montones era muy fina y suelta, y preguntó si podía llevarse un cubo para sus semilleros. El topo dijo que podía quedarse con toda, porque él ya había terminado con ella. A la hora de comer los montones habían desaparecido, la vecina tenía tres cubos llenos y una décima topera había aparecido junto al bebedero de los pájaros.
La idea real que hay detrás
Una topera es exactamente lo que dijo el topo: tierra sobrante. Los topos no comen hierba ni raíces y los céspedes no les interesan. Excavan redes de túneles con sus anchas patas delanteras en forma de pala, y cuando la tierra suelta no tiene otro sitio adonde ir, la empujan hasta la superficie por un pozo corto. El montón es la carretilla de escombros que queda al lado de una obra. Lo importante son los túneles: en ellos caen lombrices y otros animalitos, y el topo recorre sus pasillos recogiendo la cena.
Los jardineros tienen desde hace mucho sentimientos encontrados sobre esto. Los montones estropean un césped liso, pero su tierra viene de abajo y está bien desmenuzada, y muchos jardineros la recogen para macetas y semilleros, igual que hizo la vecina. Es un pequeño recordatorio de que mucho de lo que en un jardín parece una travesura es alguien que sigue con su trabajo. Puede que un topo no vea nunca el césped. Solo sabe que se cava bien, que hay lombrices de sobra y que la tierra, lamentablemente, tiene que ir a alguna parte.