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Un lirón pide prorrogar la hibernación: seis meses no le bastaron

Despertado por un mirlo a finales de abril, un lirón enano ha presentado una solicitud formal de tres semanas más de sueño, alegando que justo acababa de ponerse cómodo.

Un pequeño lirón de color dorado descansa hecho un ovillo en un nido redondo de hierba y hojas al pie de un seto, con un ojo entreabierto, mientras un mirlo canta en una rama justo encima.

Al pie de un seto de avellanos, bajo una colcha de hojas del año pasado, hay un nido del tamaño de una pelota de tenis, tejido con hierba y tiras de corteza de madreselva. Dentro, tan enroscado que la cola le tapa la nariz, hay un lirón enano del color de una tostada. Se acostó en octubre. El martes por la mañana, a finales de abril, un mirlo se puso a cantar justo encima de él, y se despertó de muy mal humor.

A la hora de comer ya había emitido un comunicado. Hablando a través de un hueco en el musgo, y sin abrir los ojos, el lirón dijo que deseaba solicitar una prórroga de tres semanas para poder terminar como es debido. Seis meses, explicó, le habían parecido generosos cuando los aceptó. En la práctica, el primer mes se le fue en ponerse cómodo y el último se lo estropearon los pájaros, lo que le dejó apenas cuatro meses de sueño de verdad.

El seto no se mostró comprensivo. Un chochín que llevaba en pie desde febrero señaló que el avellano ya tenía hojas, que la madreselva estaba a punto de florecer y que todos los demás se las habían arreglado. El lirón respondió que a él nadie le había consultado el horario del chochín y que no veía por qué había que consultarle al chochín el suyo. Un topillo rojo, al que pidieron que mediara, dijo solamente que había pasado despierto todo el invierno y que a él nadie le había ofrecido una prórroga de nada.

La solicitud en sí es minuciosa. Durante tres semanas el nido se considerará cerrado. No se cantará a menos de dos metros de él antes del mediodía. Toda avellana que aparezca entretanto se guardará a su nombre. A cambio, el lirón promete estar el doble de animado en junio. El seto ya ha oído eso antes. El pasado junio, según los testigos, lo encontraron dormido en una rama a las cuatro de la tarde, con una flor a medio comer todavía entre las patas.

Al anochecer el asunto se había resuelto de la manera habitual. La noche se puso fría, el mirlo calló, y el lirón, sin esperar a ninguna resolución, volvió a taparse la nariz con la cola y se concedió la prórroga él mismo. El chochín ha presentado una objeción. Se estudiará cuando él se despierte, es decir, cuando le venga bien.

La idea real que hay detrás

Los lirones enanos son de verdad unos de los grandes dormilones del campo. Pasan los meses fríos hibernando en un nido muy bien tejido a ras de suelo, normalmente desde octubre más o menos hasta abril o mayo, de modo que en un invierno largo un lirón puede pasar dormido más de la mitad del año. Su cuerpo se enfría casi hasta la temperatura del suelo que lo rodea, y el corazón y la respiración se le vuelven muy lentos, y así es como la grasa que acumula en otoño le dura hasta la primavera.

La broma de junio también es real. Incluso después de despertar, un lirón que se topa con unos días de frío o de hambre puede caer en un sueño corto y ligero llamado letargo para ahorrar energía, a veces durante unas horas en pleno día. Su nombre en inglés suele relacionarse con la misma raíz que la palabra francesa dormir, igual que el verbo español. Y cualquiera que haya negociado alguna vez con un despertador reconocerá el argumento, porque el problema de un buen sueño ha sido siempre el mismo: la mañana llega justo cuando se estaba poniendo bueno.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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