Un erizo completa el censo de un jardín
Cuatro noches de trabajo de campo, un jardín y un recuento final de cada babosa, escalón y hueco bajo la valla, publicado íntegramente para un público de nadie.
Un erizo ha completado lo que describe como el censo pleno y definitivo de un único jardín trasero de las afueras, tras cuatro noches de trabajo de campo continuo realizado casi por entero a la altura del tobillo.
Las cifras publicadas abarcan toda la parcela. Doscientas once babosas, de las cuales cuarenta y una se evaluaron como prometedoras. Nueve huecos en la valla, de los que dos son utilizables y uno es aspiracional. Una zona de tarima descrita en las notas como ruidosa. El montón de compost se ha registrado como región y no como elemento, y aparece en el informe con epígrafe propio.
Se ha cuestionado la metodología. El erizo contó de noche, se movió despacio y admite haber recorrido el arriate tres veces distintas sin reconocerlo, lo que califica de limitación del estudio y no del estudioso. El gato de la casa, al que se pidió comentario, quedó registrado en el censo como obstrucción.
El erizo ha confirmado que el trabajo está terminado y no se repetirá, y acto seguido reanudó el mismo recorrido poco después de las once, alegando que las condiciones habían cambiado, que las babosas se habían movido y que, de todos modos, un censo solo es cierto durante una noche.