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Un tejón niega su implicación en la desaparición del gnomo de jardín
El gnomo desapareció de la rocalla el martes por la noche. El tejón estaba en el jardín el martes por la noche. El tejón lo describe como una coincidencia de lo más corriente.
Un tejón ha negado rotundamente cualquier participación en la desaparición de un gnomo de cerámica de una rocalla de Alder Lane, y ha calificado la acusación de perezosa, circunstancial y típica de una especie que deja comida fuera y luego se hace la sorprendida. El tejón hizo su declaración a última hora del miércoles, de pie sobre las patas traseras en la calle, junto a un montículo recién cavado y con las patas delanteras levantadas, en lo que los testigos describieron como inocencia o una imitación muy convincente de ella.
El gnomo, de treinta y un centímetros de alto y con una pequeña caña de pescar, fue visto por última vez el martes por la tarde. El tejón confirmó que estuvo en el jardín esa noche, como casi todas las noches, pero señaló que eso demuestra su presencia y nada más. Cuando se le preguntó directamente si había movido el gnomo, el tejón respondió que en su vida había movido muchísimas cosas y que las que mueve suelen ser, por norma, comestibles.
La versión de la propia familia no ha ayudado a su causa. El gnomo apareció el jueves por la mañana bajo un seto dos jardines más allá, de pie, intacto y mirando hacia un estanque, lo que el representante del tejón calificó como la colocación menos propia de un tejón de un objeto robado jamás registrada. «Un tejón», explicó el representante, «lo habría enterrado, le habría dado la vuelta o se habría comido la caña. Este gnomo lo ha colocado claramente alguien con gusto».
No se esperan más medidas. El tejón solo pide que conste en acta que esa semana pasó cuatro veces junto a la rocalla y dejó el gnomo exactamente donde estaba, y añade que nunca en su vida ha querido que una criatura más pequeña pesque por él. Desde entonces, las sospechas en la calle se han desplazado hacia un zorro del barrio con antecedentes de llevarse cosas, aunque el zorro, localizado al anochecer, miró un seto durante un buen rato y no hizo comentarios.
Detrás de la broma hay un vecino nocturno muy real. Los tejones son grandes excavadores que buscan comida de noche, y quienes tienen jardín cerca de ellos a veces se despiertan con el césped removido, pequeños agujeros en la hierba o macetas movidas durante la noche. Además, son animales de costumbres y suelen usar los mismos caminos noche tras noche. Es fácil culpar al tejón de todo lo que se mueve tras la puesta de sol, aunque, como sugiere esta historia, no todos los misterios del jardín tienen detrás un hocico a rayas.
Así que, si algo desaparece de tu jardín durante la noche, quizá convenga no precipitarse antes de señalar a la fauna local. Mira debajo del seto. Pregunta a los vecinos. Piensa en el viento, en los niños y en el zorro. Y si te encuentras a un tejón en la calle con las patas en alto, sé educado. Puede que simplemente vaya de camino a alguna parte, y es casi seguro que ya se ha enterado de la acusación.