¿Saben los peces cuándo está lloviendo?
La lluvia llena el agua de sonido, pero gran parte de ese sonido es mucho más agudo de lo que muchos peces pueden oír, así que la respuesta es menos obvia de lo que parece.
Ponte junto a un arroyo en una tarde de lluvia, mira cómo la superficie se deshace en incontables anillos diminutos y la pregunta surge casi sola. La lluvia es el único tipo de tiempo que llega directamente al mundo de los peces, en lugar de quedarse por encima. Desde la orilla parece y suena espectacular. Pero ¿nota algo el pez de ahí abajo? Para responder hay que saber dos cosas: cómo suena la lluvia bajo el agua y qué pueden percibir realmente los peces.
Empecemos por la lluvia. Según el Earth Observatory de la NASA, una gota de lluvia produce sonido bajo el agua de dos formas: el golpe de la gota al chocar con la superficie y la burbuja que a menudo se forma bajo el agua durante la salpicadura. En la mayoría de las gotas, lo que más suena es la burbuja. Y el tamaño de la gota importa muchísimo. Las gotas pequeñas, de unos 0,8 a 1,2 milímetros, se describen como sorprendentemente ruidosas, con tonos agudos, parecidos a campanillas, de entre 13 y 25 kilohercios.
Otras gotas se comportan de forma muy distinta. La NASA explica que las gotas medianas, de unos 1,2 a 2,0 milímetros, son relativamente silenciosas, mucho más que las pequeñas. Las gotas grandes y muy grandes provocan salpicaduras enérgicas que atrapan burbujas de distintos tamaños y producen un sonido fuerte que incluye frecuencias relativamente bajas, de entre 1 y 10 kilohercios. El patrón es tan característico que científicos de la Universidad de Washington crearon un pluviómetro acústico que mide la lluvia sobre el océano simplemente escuchándola.
Ahora, los peces. La International Game Fish Association explica que los peces no tienen oído externo ni medio, pero sí oído interno con unas piedrecitas llamadas otolitos, que vibran con el sonido y activan células sensoriales. Cita investigaciones según las cuales la lubina negra tiene un rango auditivo estrecho, con un máximo en torno a 100 ciclos por segundo, una audición débil por encima de 200 y ninguna por encima de 600. Muchos peces tienen además una línea lateral, una fila de sensores a lo largo del cuerpo que interpreta vibraciones de baja frecuencia y trabaja junto con el oído interno.
Una revisión de 2013 en el Journal of Experimental Biology describe esos sensores de la línea lateral como detectores del movimiento del agua, más sensibles a frecuencias bajas, de unos 100 a 200 hercios, y sugiere que en aguas poco profundas los peces probablemente detectan el sonido combinando el oído y la línea lateral. Si lo comparamos con las cifras de la NASA, aparece algo interesante. Gran parte del sonido submarino de la lluvia está en los miles de hercios, muy por encima del rango de la lubina descrita por la asociación.
Entonces, ¿saben los peces cuándo está lloviendo? Estas fuentes no pueden afirmarlo con seguridad, y no todos los peces son iguales. Pero la física sugiere que un pez quizá no vive la lluvia como nos la imaginamos: el coro brillante de campanillas que llena el agua puede quedar en gran parte fuera de lo que oye. Sea lo que sea lo que un pez perciba de un chaparrón, probablemente es algo muy distinto del tamborileo que oímos desde la orilla, lo que hace la pregunta todavía más intrigante de lo que parecía.
Fuentes
De dónde salen los datos de esta pieza. Cada enlace lleva a otro sitio web.
- NASA Earth Observatory — Listening to Raindrops (science.nasa.gov)
- International Game Fish Association — Hearing in the Underwater World (igfa.org)
- Journal of Experimental Biology — The contribution of the lateral line to 'hearing' in fish (journals.biologists.com)
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