¿Por qué siempre es el último escalón el que te pilla?
Los traspiés en la escalera se concentran en los primeros y últimos escalones, y la razón tiene más que ver con lo que espera tu cuerpo que con tus piernas.
Has subido esta escalera varios miles de veces. Esta noche, en penumbra, tu pie con calcetín gris busca arriba un escalón más, no encuentra nada y todo tu cuerpo da ese pequeño respingo torpe que no tiene ninguna versión elegante. Parece que siempre pasa arriba o abajo. Los escalones del medio rara vez pillan a nadie.
Esa impresión está respaldada por la investigación. Un informe de 2015 de Elliott, Foster, Whitaker y otros colegas, publicado en la biblioteca de revistas del NIHR, el instituto nacional de investigación sanitaria del Reino Unido, afirma que las caídas suelen producirse en los primeros o en los últimos escalones de una escalera. Los investigadores explican que la vista es especialmente importante para localizar el borde de los escalones en esos puntos de transición, que es justo donde el patrón de la escalera empieza y termina.
Lo que ocurre entre medias es una especie de piloto automático. El informe señala que, después de los primeros escalones, la gente se fía cada vez más de las señales de su propio cuerpo, la sensación de contacto y posición de los pies y las piernas, y menos de lo que ve. Al subir, incluso levantamos un poco menos el pie en cada escalón sucesivo a medida que aprendemos la altura de la escalera, ahorrando esfuerzo mientras nos adaptamos. El informe también indica que una diferencia entre quienes se caen en las escaleras y quienes no es que los primeros no miran con suficiente atención los primeros escalones.
Así que, cuando llegas arriba, tu cuerpo está ejecutando un patrón que aprendió unos escalones antes y espera que continúe. Hay una demostración muy conocida de lo tozudas que pueden ser esas expectativas. Los neurocientíficos Raymond Reynolds y Adolfo Bronstein, que lo estudiaron en 2003, describen el fenómeno de la escalera mecánica averiada como la extraña sensación de desequilibrio al subir a una escalera mecánica parada, aun sabiendo perfectamente que no se va a mover. En un estudio de 2003, los investigadores Reynolds y Bronstein hicieron que varias personas caminaran sobre una plataforma quieta, luego sobre la misma plataforma en movimiento y, por último, otra vez sobre la plataforma quieta.
En esos últimos intentos, todos los participantes mostraron el efecto. Se inclinaron hacia delante, entraron más deprisa y usaron más actividad muscular en las piernas que antes, aunque sabían que la plataforma no se iba a mover. Lo explican como una separación entre lo que sabemos y lo que hacemos: el conocimiento consciente dice que la plataforma está quieta, mientras que la parte del sistema nervioso que dirige los movimientos ejecuta una preparación que ya ha aprendido. El cuerpo se prepara para el movimiento antes incluso de que el pie toque el suelo.
El último escalón funciona de forma muy parecida. El traspié no es tanto torpeza como una buena predicción que se topa con el final de los datos: tu cuerpo construyó un modelo de la escalera con los primeros escalones y lo siguió fielmente, un escalón de más. La investigación señala los primeros y los últimos escalones como los momentos que merecen una buena mirada. Y si esta noche das un respingo arriba, al menos puedes decirte que tu cerebro solo estaba siendo eficiente.
Fuentes
De dónde salen los datos de esta pieza. Cada enlace lleva a otro sitio web.
- NIHR Journals Library, via NCBI Bookshelf — Analysis of lower limb movement to determine the effect of manipulating the appearance of stairs to improve safety (ncbi.nlm.nih.gov)
- Experimental Brain Research — The broken escalator phenomenon (Reynolds and Bronstein, 2003) (europepmc.org)
Para saber más
Contexto general, no la prueba de los datos de arriba. Cada enlace lleva a otro sitio web.
- Wikipedia — Broken escalator phenomenon (en.wikipedia.org)
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