No existe el anacardo crudo
La bolsa dice crudo y no lo es: la cáscara de la que salió está recubierta del mismo aceite que la hiedra venenosa.
Entra en cualquier tienda y encontrarás bolsas de anacardos con la etiqueta crudos. Todas mienten, y la alternativa honesta habrĂa terminado en una demanda.
El anacardo no crece dentro de una cáscara como la almendra o la nuez. Cuelga por debajo de una cosa roja o amarilla llamada manzana de cajĂş, colgando del extremo como si se le hubiera ocurrido despuĂ©s, y la cáscara que lo rodea está forrada de un aceite cáustico llamado urushiol. Es el mismo compuesto que hace que un encuentro con la hiedra venenosa se recuerde durante semanas. El anacardo pertenece a la misma familia de plantas, las anacardiáceas, que la hiedra venenosa, el roble venenoso y el zumaque: el fruto seco que comes a puñados es primo hermano de la planta contra la que te advertĂan de pequeño.
Por eso todos los anacardos que se venden en cualquier parte se cuecen al vapor o se tuestan primero, todavĂa con cáscara, para destruir el aceite antes de que nadie los toque. Quienes los pelan trabajan con guantes. Lo que las tiendas llaman crudo significa solo que no se tostĂł una segunda vez despuĂ©s. No hay una tercera opciĂłn, y nunca la ha habido.
La manzana de cajĂş, por su parte, es deliciosa, se estropea en un dĂa y por eso casi nunca se exporta. En Brasil y en algunas zonas de la India se exprime y se vende como bebida, de modo que la mayor parte del mundo lleva toda la vida comiendo el fruto seco sin tener idea de a quĂ© sabe la fruta. A todos nos han dado la parte pequeña y dura, y nada de la buena.