Una costa empedrada con 40.000 columnas de piedra, y sin ningún gigante
En una orilla de Irlanda del Norte, miles de columnas de piedra de seis lados bajan en escalera hasta el mar, y el verdadero constructor fue un lago de lava que se enfrió muy, muy despacio.
En la costa norte de Irlanda del Norte, al pie de unos acantilados verdes, la tierra entra en el mar como una escalera de peldaños grises. Cada uno es la cima plana de una columna de piedra, casi todas con seis lados bien rectos, tan apretadas entre sí que parecen colocadas por un azulejero muy paciente. Algunas son lo bastante bajas para sentarse en ellas, otras se amontonan en lo alto de los acantilados, y las filas bajan directas hasta las olas, como si el camino siguiera bajo el agua.
Es la Calzada del Gigante, y está formada por más de 40.000 columnas de basalto. Las cimas miden casi todas entre 30 y 40 centímetros de ancho, un tamaño cómodo para saltar de una a otra, que es justo lo que hacen los visitantes en una tarde de sol.
Lo que mucha gente entiende mal
La vieja historia dice que la construyó un gigante. Según la leyenda local, Fionn mac Cumhaill, más conocido como Finn McCool, colocó las piedras como un camino sobre el mar. Es un cuento precioso, y el Servicio Geológico Británico lo menciona con un guiño antes de dar la respuesta real: la calzada nunca la construyó nadie. Nadie talló esos bordes ni encajó las piedras. La roca se agrietó sola hasta tomar esta forma.
Cómo se formaron las columnas
Hace unos 60 millones de años, al comienzo del Paleógeno, esta parte del mundo era volcánica. Una lava muy fluida se extendió por el terreno y, en la Calzada, se acumuló en un gran lago de lava de unos 90 metros de profundidad, según el Servicio Geológico Británico. Una masa de lava de ese tamaño se enfría lenta y uniformemente. Al enfriarse, la roca se encoge, y al encogerse se rompe a sí misma, como el barro que se agrieta en un charco que se seca.
Como el enfriamiento fue tan uniforme, las tensiones también lo fueron, y las grietas formaron una red regular que dividió la roca en piezas casi siempre de seis lados. A medida que el frío avanzaba hacia el interior de la lava, las grietas lo seguían hacia abajo y cortaban toda la masa en columnas altas, como un cortapastas que se hunde despacio en un pastel muy grueso.
- 40.000+ columnas de basalto
- 60 millones de años desde que se enfrió el lago de lava
- 90 m profundidad de aquel lago de lava
- 30-40 cm ancho de la cima de una columna típica
Cómo lo sabemos, gracias a un cuenco de maicena
Nadie puede pasarse años mirando cómo se enfría un lago de lava, pero cualquiera puede ver cómo se seca un cuenco de maicena. En un estudio publicado en 2009 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, los físicos Lucas Goehring, L. Mahadevan y Stephen Morris mezclaron almidón de maíz y agua a partes iguales en peso, lo secaron bajo lámparas de calor y vieron cómo se agrietaba en pequeñas columnas más o menos hexagonales, una calzada que cabe en una mesa. Descubrieron que la velocidad marca el tamaño: un secado más rápido da columnas más finas y, del mismo modo, en la lava un enfriamiento más lento da columnas más anchas. La regla que dedujeron encajó también con las medidas que tomaron de columnas reales de lava enfriada.
Así que los peldaños de esa orilla son un registro de lo despacio que se enfrió un día un lago de roca fundida. Con el gigante el cuento para dormir queda mejor, pero el verdadero constructor fue la paciencia, y la misma regla actúa en un cuenco de maicena con agua que se seca tranquilamente bajo una lámpara.
Fuentes
De dónde salen los datos de esta pieza. Cada enlace lleva a otro sitio web.
- British Geological Survey — The Giant's Causeway and Causeway Coast (bgs.ac.uk)
- PNAS (via PubMed Central) — Nonequilibrium scale selection mechanism for columnar jointing (pmc.ncbi.nlm.nih.gov)
- National Museums NI, Earth Science Conservation Review — Giant's Causeway (www2.habitas.org.uk)
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