La paloma con abono de temporada
Desde hace seis años, cada dÃa laborable, una paloma sube al tren de las 7:14 en el andén dos, viaja una sola parada y vuelve a casa andando.
La estación de Ashcombe Halt tiene dos andenes, un banco y una paloma con rutina. Cada dÃa laborable espera en el extremo del andén dos, sube al tren de las 7:14 por la puerta que se abra más cerca, viaja exactamente una parada hasta Netherby y se baja. Después vuelve a casa por el sendero que acompaña a la vÃa y llega a Ashcombe unos cuarenta minutos más tarde. Lleva haciéndolo, por lo que se ha podido averiguar, seis años. Los fines de semana no.
El personal tiene teorÃas. Un revisor estaba convencido de que el ave anidaba en el extremo de Netherby y que simplemente se habÃa equivocado de geografÃa. Un interventor sostuvo durante años que seguÃa a una pasajera concreta que llevaba bocadillos. La versión que hoy se impone es la menos romántica: el tren es cálido, el sendero es bonito, y la paloma ha dado con la única combinación que le ofrece las dos cosas.
En su segundo año, la taquillera le hizo un abono. Está plastificado, está expedido a nombre del Sr. P. Paloma, del andén dos, es válido de Ashcombe a Netherby, una parada, y cuelga del tablón de anuncios, donde lo renueva cada septiembre quien esté de turno. Los viajeros le hacen fotos. Alguien escribió una vez para quejarse de que aquello no tenÃa ninguna gracia, y trescientas personas contestaron para explicarle, con mucha paciencia, que sà la tenÃa.
Cuando la primavera pasada instalaron los tornos automáticos, los planos llegaron del contratista con una holgura de noventa milÃmetros en la base del paso tres, anotada como espacio para el carro de paqueterÃa. Ashcombe no ha tenido nunca un carro de paqueterÃa. Desde entonces la holgura se ha inspeccionado dos veces y ha pasado las dos, y en la segunda visita el ingeniero escribió en el registro que todo estaba conforme al proyecto, lo cual para entonces era rigurosamente cierto.